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Ases mal jugados

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Existe entre muchos jugadores, sobre todo aficionados, la tendencia a depositar demasiadas expectativas en el juego cuando una de las cartas que les ha tocado es un as. Algunos de ellos probablemente hayan visto que siguiendo la ronda de apuestas, esta ciega fe en la victoria que inspira el as no resulta ser más que un espejismo. ¿Te sientes identificado? ¿No sabes de qué estamos hablando?

Es simple, por ser el valor más alto en la baraja de póker, el as seduce a muchos jugadores. No faltan los que confían hasta el final en él cuando la mano tiene grandes posibilidades de ganar, como A-2, A-10, A-Q. Si, como ya hemos dicho, no puedes confiarte a la ligera de un par de ases (A-A), menos entonces de un juego que tenga sólo uno, o por lo menos no puedes confiarte de él a ciegas.

Si el as solitario te hace perder dinero cuando lo juegas, incluso junto a otra carta que consideras valiosa para tu juego, es probable que debas enmendar este vicio de juego de con algo más de prudencia, y consideres otro problema común: el de estirar la mano más de lo necesario.

Sobre todo en las últimas rondas de juego, cuando las blinds son más grandes y ya sólo quedan uno o dos jugadores, lo mejor que puedes hacer es acortar la duración de la mano forzando una resolución.

Un gran error y a veces grave de prolongación innecesaria, es cuando los jugadores apuestan todo a un flush que podría no llegar jamás.