
Veamos casos donde una simple historia puede afectar en las apuestas, tanto para quien las cuenta porque no logra la simpatía del grupo o para quien le presta demasiada atención a una historia que puede ser o no real y termina por meterse en lo más profundo de la psiquis haciendo que luego afecte su lógica en las apuestas.
Caso uno: una persona que parece totalmente neutral donde su aspecto, imagen, personalidad y jugadas del comienzo no afectan para nada la naturaleza y proceso de la mesa.
Sin embargo en cierto momento comenta que la semana pasada un tornado paso por su barrio y destrozo completamente su casa, rompió su coche y arranco su hogar de raíz, aquí principalmente quienes hayan vivido en una zona de tornados, tengan casas propias o conozcan alguien con ese caso crearán un vinculo de simpatía instantáneo.
Sin embargo el dolor que siente esa persona y su canalización en el poker puede hacer que otros no se sientan tan cómodos ya que pensarán ¿hace una semana su casa fue destruida y ahora está jugando poker? ¿Qué clase de hombre es este?.
Como vemos sentimientos encontrados corren por la mesa, pero de lo que es seguro es una cosa, sea o no real la historia de este sujeto su versión de los hechos y la forma de contarlo ha hecho que alguien se sienta o compenetrado con la situación o totalmente perturbado o incluso no entiende la situación de cómo puede estar en un torneo de poker.
Logrando de esta forma que alguien piense más en esa situación que puede ser real o no que en su propio juego.

¿Cómo combatimos a esta clase de jugadores? Una tendencia natural seria el tratar de esforzarnos por reducir el número de manos en la que tomamos participación.
Como bien dice nuestro queridísimo amigo Phil Ivey el 33% de las manos son las que realmente hay que jugar, el otro resto es puro verso.
Como sabemos que esta clase de jugador siempre hará re-raise, debemos esperar el momento justo para contar con una mano suficientemente buena como para hacerle temblar las piernas antes del turn.
El contar con una mano como AJ o KQ ya sería suficiente para plantarle batalla. Ni hablar de un par, un par de primera sería lo mejor que nos podría pasar, ya que es muy probable que dentro de las cinco cartas comunitarias nos toque otra carta igual.
Las probabilidades lo demuestran, estaríamos dándole un chocolate de su propia medicina al meterle esa hermoso trío o pierna por la boca y hacerle sentir en carne propia lo que es perder una montaña de fichas.
Muchos jugadores no tienen piedad con esta clase de jugadores, por lo general son personas que si bien hacen dinero en el poker, no tienen ningún respeto por el, tanto en las mesas como en los torneos en línea.
De modo que nos ponemos el uniforme de llanero solitario y les hacemos sentir lo que es perder el dinero cuando parece que está guardado en el bolsillo.
La actitud de los jugadores en la mesa muchas veces es una demostración de su personalidad, uno juega al poker con su personalidad.
De forma que podemos advertir antes de un torneo como jugará una persona, por su actitud, comportamiento en la mesa, gestos e imagen.
Les recomiendo los juegos de casinos.

Ahora bien, esta clase de jugadores de poker, muchas veces juegan de forma agresivas porque es el único medio o herramienta que tienen, su personalidad no cuadra con los jugadores más pasivos.
No usan mucho el raciocinio pero tampoco son pasionales, sino que aplican la ley de la fuerza de las fichas para que los demás simplemente se asusten, en caso de salir todo bien, bienvenido sea, en caso de no serlo, otra vez será, ese es su pensamiento.
Pero muchas veces los jugadores loose-agresivos de poker tienen rachas de buena suerte, y eso sería como que se junte un frente de aire frio del ártico con una tormenta tropical en una mesa de poker, un huracán, un desastre natural de proporciones inimaginables para quien este sentado en esa mesa.
Lo peor que nos puede tocar es un jugador loose-agresivo con suerte. Para eso hay que estar muy bien preparado y saber hacer una correcta lectura de la mesa, de forma que no terminemos dándole protagonismo a alguien que no merece tanto respeto.
Es casi una regla, cuando un jugador tight-agresivo pierde mucho pero mucho dinero, ese dinero termina generalmente en las manos de un loose-agresivo.
Debido a que su compatibilidad con la agresividad actúa como un imán que lleva a que los dos agresivos de la mesa compitan entre sí siempre.
Si deseas conocer más sobre este fenómeno de las mesas, puedes buscar material en la sección La Psicología del Poker, donde se explican varios fenómenos de los jugadores y su conducta en las mesas de poker.

Al jugar póker usted está corriendo riesgos, seguramente ya es consciente de ello, sin embargo a mayor riesgo mayor es la posibilidad de conseguir un bote monumental, por lo que por lo menos cuando comencemos a apostar hay que tener un mínimo de consideración por el juego y hay que respetar al dinero.
Luego de jugar lo suficiente como para ser dejado de llamar “novato” o “principiante”, nos centraremos o focalizaremos en tratar de maximizar nuestro dinero y/o apuestas. A estas alturas usted ya conoce el 60% del gran secreto del póker, es sencillamente perder lo menos posible, el otro 40% es tratar de ganar.
El dinero ganando en el póker, debe tener cierto respeto y deber ser reinvertido, como las acciones nuevamente en el póker, bueno usted dirá ¿y cuando disfruto del dinero que hice en el póker? Veamos que dicen los expertos.
Jugadores que ganan miles de dólares en el póker, indican que un 80% de lo ganado está bien que vuelva nuevamente al póker y que el restante 20% puede utilizarse para el ocio propio.
Hay quienes piensan de otra manera y gastan más de la mitad del premio de una partida y luego guardan la totalidad del próximo premio, eso es cuestión de gustos y de personalidad.
Pero también de situación económica, queramos o no, en caso de ganar un bote de miles de dólares o euros, difícilmente nos podamos controlar de no gastarlo.
Pero como bien sabemos el póker es una inversión a largo plazo así que ese bote serán los frutos de nuestro primer árbol, por lo que necesitamos las semillas de esos frutos para tener más árboles, sino solo comeremos los frutos y nuevamente estaremos sin nada.

Hoy en día es común que veamos o inclusive nosotros mismos actuemos de una forma muy poco ortodoxa cuando realizamos una mala movida o una mala apuesta.
El decir ordinarieces, gemir o simplemente estar continuamente quejándonos de nuestras acciones en una mesa de póker puede ser altamente contraproducente.
El quejarnos de nuestras desgracias en la mesa da lugar a que seamos objeto de desagrado, rechazo e inclusive burla, por lo que se deduce que el quejarse alterará el comportamiento de nuestros contrincantes para con nosotros.
Es cierto que la presión es algo que no todas las personas soportan, pero he aquí un consejo: “No soportas la presión, entonces amigo el póker no es para ti, dedícate a la botánica.”
Es totalmente cierto, para que mentir, el juego de póker es juego de alto riesgo y si no estamos preparados física y mentalmente para enfrentarlo podemos sufrir males inclusive de salud o agravios psicológicos muy fuertes que pasarán a alterar nuestra personalidad y afectar nuestra vida cotidiana.
El jugador gruñón:
Es totalmente obvio, el jugador que está continuamente gruñendo y quejándose no consigue simpatía en la mesa, por lo que los demás jugadores tratarán siempre de jugar contra él con el fin de sacarlo de mesa a como dé lugar ya que lo único que hace es alterar la tranquilidad del ambiente.
Existen dos soluciones a este tema una sería tratar de mejorar nuestro autocontrol en estas situación de presión, contando internamente hasta diez, o simplemente reprimirnos de gesticular.
La otra menos placentera es que varias casas de apuesta advierten a sus jugadores que si su comportamiento molesta a los demás participantes se le invitará a retirarse de la mesa.
Les recomiendo las apuestas en el poker.

El tema de hoy no tiene que ver directamente con lo respectivo a las cartas, sino más bien a las actitudes que tomamos nosotros mismos al participar en una mesa de póker en un casino o torneo.
Como sabemos (o deberíamos saber) la imagen o presencia en cualquier evento social, así sea un casamiento, ámbito de trabajo y porque no un torneo de póker, denota nuestra personalidad, haciendo que nuestra vestimenta.
Nuestro conjunto de comportamientos y la comunicación corporal cree una personalidad social de los demás personas sobre nosotros.
Es un tema que debemos tomar con vital importancia, ya que el concepto de la “impresión sobre otros jugadores” puede hacer que nuestros rivales tomen una actitud pasiva o activa para enfrentarlos, lo que puede generar que cambien su estrategia solo porque les ha afectado la forma en que nos presentamos al torneo.
Cuando decimos “imagen” no nos referimos a lo estrictamente estético, si bien la vestimenta y presencia (estar afeitado, perfumado y con el cabello prolijo) son uno de los factores que más puntos logran a nuestro favor, también existen otras variables de personalidad que debemos tener en cuenta ya que nos pueden brindar beneficios considerables.
Lo primero que debemos hacer es fijarnos qué tipo de jugador queremos ser o aparentar ser en la mesa, por ejemplo podemos emular las técnicas de los jugadores novatos o pasivos para saber que están tramando otros jugadores, y así dar la “imagen” o sensación de que recién comenzamos en esto del póker.
Otro dato es que si aparentamos o damos la imagen de ser “conservadores”, cuando tratemos de hacer un Bluff (faroleo) los demás jugadores no lo creerán y perderemos el respeto en la mesa.