
Dada la escasa cantidad de jugadores involucrados en cualquier partida de Shorthanded Texas Hold’em, es fundamental desarrollar una estrategia de juego sólida y muy determinada. Por lo general, ésta estará orientada por un factor decisivo que: la agresividad.
Debido a la rotación frecuente de la posición favorable entre los jugadores en la mesa, enfrentarás (o te verás obligado a enfrentar) regularmente uno o dos rivales que preferirán evitar el showdown con raises y reraises que lloverán peligrosamente como en pocas ocasiones.
La razón de esto es que como se juegan menos manos, se vuelve esencial aislar a un solo jugador para derrotarlo y obtener rápidamente la ventaja en el juego. No resulta sorprendente un resultado imaginario en el que rápidamente te veas obligado a ceder a la presión de tu rival habiendo dejado una buena apuesta en el bote que abandonas. Por eso, las partidas shorthanded son de pot-limit. Escoger una con blinds moderadas podría ser la estrategia básica fundamental. Continuar leyendo….

Está claro que todos jugamos póker para ganar. Pero a veces establecer un umbral de motivación que no supere onerosamente la victoria moderada puede ser más que útil, desde una perspectiva económica racional.
Si estás considerando hacer el salto de jugador ocasional a jugador semi profesional, habrás descubierto que de torneos está hecho el camino hacia la fama y la fortuna. La consideración general es que todo torneo debe ser ganado, pues nadie juega para contentarse con un sexto o séptimo puesto, o según los participantes, vigésimo o menos todavía.
Un conjunto de expectativas muy alto aumenta el riesgo de perder, pues en sucesivas rondas te encontrarás con jugadores cada vez más talentosos y hábiles que en la anterior, lo que sólo es problema si piensas que tu juego no se ha ido elevando a la misma altura o en la misma proporción que el de tus rivales.
Evita ponerte en esta posición examinando los fondos a tu disposición, y calculando de manera sencilla tus últimos resultados de póker para establecer un promedio de dinero que orientará mejor tus expectativas de juego.
Todo esto es particularmente cierto si acostumbras jugar pequeños torneos de baja denominación, es decir, nada que supere los $10 o $20. En estos casos, una gran victoria de $5.000 o hasta $10.000 no vale que te juegues por ella la entrada a un torneo superior aunque te represente una posible ganancia, así doble o triplique lo que tenías asegurado.

Aprender a domar las expresiones inconscientes del miedo que se dibujan en todo nuestro cuerpo en la infortuna de una mala ronda de póker se vuelve esencial para mejorar nuestro nivel de juego a largo plazo, pero también para evitar caer presa de nuestras señales inconscientes ante rivales predadores.
Además, ¿cómo saber si tú no eres quien tiene la mejor mano al final? Domina el terror y quizá hagas que tus rivales se planten o alcancen el showdown sólo para ver tu superioridad.
La cara de póker de la que hablamos antes debe estar acompañada por unas manos igualmente frías ante la acción que se desarrolla frente a ti. Tú y yo entendemos que eso es difícil: las manos hablan solas por la mente que juega póker. Expresan, además de temores, inseguridades y certezas de victoria. No podrás dominar a voluntad buena parte de estos gestos, pero lo que sí puedes son aquellos movimientos en los que reconoces la necesidad de comunicar de manera silenciosa a tu rival, rascándote aquí o allá, que todo está bien cuando en realidad no lo está. Continuar leyendo….

Cuando recién empezamos a jugar, lo que más seguramente haremos, aunque no sea nuestro objetivo final, es jugar en partidas que tengan límites bajos. Este tipo de partidas no nos exige tener un alto grado de maestría para poder ganar; tan sólo necesitamos poder vencer a rivales medios. Vencer a buenos jugadores, y en partidas de límite alto, puede llegar a ser algo muy difícil, algo que supone que hagamos muchos movimientos complejos. Ganar en límites bajos es mucho más directo.
Lo que queremos decir es, básicamente, que en las partidas que tienen límites bajos, los demás jugadores no nos prestarán toda su atención. Se preocuparán más que nada por las cartas que tienen en la mano.
No te estudiarán, como haría un buen jugador (o sea, uno que entiende que el póker es tanto (o más) acerca de la gente como de las cartas), ni intentarán adivinar tus cartas muy a menudo. Serás casi como un fantasma para ellos; un fantasma que poco a poco se irá llevando su dinero… Para vencer a este tipo de jugadores, lo único que necesitamos es jugar un juego correcto, que ganará a la larga. Por ejemplo, un juego correcto seria jugar un poco fuerte, no hacer ningún bluffeo muy elaborado, apostar agresivamente si tenemos una muy buena mano, y usar las probabilidades para elegir que juegos intentar formar.